Opinión

IMSS-Peña: comprando un diagnóstico deliberadamente equivocado

Gustavo Leal Fernández

 

Primero lo despojaron, con la reforma 1995-97, de su principal soporte financiero: los fondos pensionarios que fueron privatizados en el SAR. Lógicamente, muy poco después, las finanzas institucionales y el evidente deterioro en los servicios mostraron los estragos de la decisión tomada por Ernesto Zedillo.

En las ganancias de las Afores está, ahora, ese ahorro financiero que suma casi 2 billones de pesos. Antes de la reforma-Zedillo permitió cubrir religiosamente al IMSS, sin fallo alguno, pensiones de hasta 25 salarios mínimos. Pero ese ahorro forzoso pagará, en 2021, pensiones de apenas 2 mil 179 pesos al 71 por ciento de quienes se jubilarán. Un trabajador promedio se irá con una pensión mínima garantizada igual al 25 por ciento de su último salario después de 30 años de servicio.

Además del hoyo financiero que generó la privatización pensionaria, la Nueva Ley 1995-1997 contempló un flujo de recursos frescos por concepto de los Gastos Médicos para Pensionados al cargo de Gobierno Federal (Ley del Seguro Social, Duodécimo Transitorio). Diez y seis años después, el Gobierno federal nunca ha cumplido.

En 2000 arribaron los panistas al poder y con ellos Santiago Levy. Entonces nació el diagnóstico deliberadamente equivocado sobre el “peso” del Régimen de Jubilaciones y Pensiones de los trabajadores-IMSS intentando encubrir la magnitud del hoyo financiero generado por la reforma-Zedillo y culpar -desprestigiándolos- al principal activo institucional: médicos, enfermeras y profesiones afines amparados en el mejor Contrato Colectivo de Trabajo (CCT) de América Latina.

Lamentablemente, el primer Informe sobre la situación financiera y los riesgos del IMSS 2012-2013 del IMSS-Peña, al cargo de José Antonio González Anaya -que como primera pieza de la segunda “alternancia” debió haberle cambiado hasta el título- ha comprado ese apocalíptico diagnóstico sin atreverse a reconocer los verdaderos determinantes de la encrucijada financiera de la principal institución que dota de salud y seguridad social integral a los mexicanos. Tampoco atina la “respuesta” de la cúpula del SNTSS. Su secretario general, Manuel Vallejo -recién afiliado al PRI-, ni menciona la reforma-Zedillo, ni propone alternativas.

Pero tan o más grave que lo que compra del diagnóstico panista es lo que, ya como “nuevo”, PRI propone y, sobre todo, lo que no dice.

A diferencia de los panistas propone ¡no pedir ni medio centavo al gobierno Federal! ni, por supuesto, elevar las cuotas-obrero-patronales aunque quiere, simultáneamente, “mejorar” la productividad institucionalidad “conteniendo” el gasto. Amenaza con buscar “esquemas innovadores” (¿cómo los que casi les exige el sector asegurador vía Fernando Solís Soberón, la AMIS,  Banorte y FUNSALUD?) y alude a “mejores” prácticas cuando la norma del IMSS heredado por Calderón son insoportables tiempos de espera y carencias insultantes.

Propone (con ecos de los tiempos idos del otro priísmo) “mejorar” el modelo de atención; “desarrollar” Áreas de Gestión Desconcentrada así como “desconcentración y autonomía” de los procesos. Claro que sin decir cómo, ni con que impactos. En suma: un Informe que regresa al pasado, con escaso registro del debate contemporáneo pero que no renuncia a “ampliar” la seguridad social para “cumplir” con la universalidad Peña Nieto. ¿Cómo?

El Informe no dice una palabra sobre la corrupción endémica que desató el panismo. Y al intentar tomar distancia de ellos en relación al incremento de aportaciones del gobierno Federal, asume una “modernización” que, para operar, requiere cambios en el CCT y cuya revisión integral acontecerá en 2013. Sobre esto: ¡nada!

Reciente González Anaya declaró que “todos los trabajadores que han entrado del 2008 en adelante, entran a un sistema financieramente sostenible y autosustentable. Debemos ver más allá de este tema”. Y que “hay que hacer un plan integral de mejoramiento de la calidad”. (Reforma, 24.6.13) ¿En qué quedamos?

Mientras el exdirector, Emilio Gamboa, frena en el Senado una de las pocas reformas que aportaría a sus finanzas porque “estamos analizando si viene una reforma más amplia para darle viabilidad”. ¿Ni un peso más para el IMSS?

La pregunta clave es: ¿alcanzarán las propuestas del “nuevo” PRI para cubrir el déficit institucional en 2013? ¿alcanzarán para cubrir el acumulado de los próximos años? Desde luego que no! González Anaya está al frente del Instituto para no pedirle nada al gobierno Federal. ¿Cómo cumplirá?

Sólo la merma de los recursos pensionarios de los trabajadores (“minusvalías”) de mayo-junio 2013 en Afores: 155 mil MP! superan varias veces los diferentes estimados del Informe sobres ese déficit institucional, mientras el rebalanceo de cuotas (para transferir excedentes de las reservas de Invalidez, Vida y Riesgos de Trabajo al de Enfermedades y Maternidad), significa que el IMSS vuelve, de facto, al entramado de su Ley 1973. El rebalanceo propone lo que la reforma-Zedillo se propuso evitar.

El primer Informe neopriísta aún apocalíptico, con propuestas añejas y peligrosos silencios muestra que Peña puede conducir el IMSS a dónde quiera, sin ruta estratégica para atender la principal y más urgente demanda de la derechohabiencia: mejorar los servicios y actualizar el catálogo de prestaciones a la altura de una ciudadanía plural del Siglo XXI.

El IMSS-Peña y su director entrante enfrentarán ahora el difícil reto de conciliar la falta de un análisis veraz sobre los determinantes que presionan sobre la institución con la urgencia de cumplir la publicitada “universalización”. Ciertamente un reto difícil y con muchos costos, si de cumplirle a las mayorías nacionales con mejores servicios y prestaciones integrales se tratara.

 

El presente texto de Gustavo Leal Fernández, profesor e investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco, se reproduce fiel y con su autorización.

 

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